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El Jueves Negro de la aviación militar de EE.UU. en el cielo de Corea

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En aquel jueves de abril de 1951, la guerra aérea sobre Corea cambió de rumbo cuando los aviones de guerra estadounidenses tuvieron que enfrentarse a los cazas soviéticos MiG-15.
El Jueves Negro de la aviación militar de EE.UU. en el cielo de Corea

El 12 de abril de 1951 pasó a la historia de la aviación militar de EE.UU. como el 'jueves negro', ya que un mortífero ataque de un grupo de pilotos militares soviéticos a bombarderos estadounidenses cambió el curso de la Guerra de Corea.

Ese día, los cazas soviéticos Mikoyán-Gurévich MiG-15 atacaron sobre Corea del Norte a una cuarentena de bombarderos B-29 Superfortress escoltados por casi cincuenta F-84 Thunderjet, un caza a reacción de primera generación, causándoles graves daños y derribando o dañando una cuarta parte de los bombarderos y algunos cazas. sin que hubiera ninguna baja en el bando soviético.

La misión de esa escuadra estadounidense era destruir un puente en la frontera con China e interrumpir el flujo de municiones y tropas chinas que llegaban a Corea del Norte.

El éxito de la acción soviética paralizó las misiones de bombardeos estadounidenses durante tres meses, hasta que suficientes escuadrones de F-86 Sabre, un avión que rivalizaba con el MiG-15, pudieran afrontar este nuevo desafío en la Guerra de Corea. Este importante éxito permitió a la aviación de la URSS cambiar el rumbo de la contienda.

La Guerra de Corea

La Guerra de Corea comenzó el 25 de junio de 1950. En sus primeras semanas, la aviación de Estados Unidos, que operaba bajo el mando de la ONU, obtuvo rápidamente superioridad aérea y desplegó numerosos aviones, entre ellos bombarderos B-29 y cazas de reacción de primera generación.

La Fuerza Aérea norcoreana, relativamente pequeña y equipada mayoritariamente con aviones soviéticos de finales de la Segunda Guerra Mundial y de la posguerra temprana, fue neutralizada con rapidez como amenaza importante.

A continuación, la aviación estadounidense inició una campaña sistemática de bombardeo contra la infraestructura industrial y de transporte de Corea del Norte.

A finales de octubre y en noviembre de 1950, las fuerzas chinas entraron en la guerra, mientras que la URSS introdujo en el conflicto los cazas a reacción MiG-15, pilotados en muchos casos por aviadores soviéticos que operaban de forma encubierta.

Además, los soviéticos desplegaron radares y sistemas de control terrestre en la zona de la frontera chino-coreana para guiar a los interceptores y reforzar la defensa antiaérea.

En la primavera de 1951, la situación de los bombarderos estadounidenses se volvió cada vez más crítica; las pérdidas aumentaron hasta que finalmente, el jueves 12 de abril, se produjo un punto de inflexión en el empleo de los B-29.

El Boeing B-29 Superfortress

Para los estándares de la Segunda Guerra Mundial, el B-29 era un avión extraordinario. Sus diseñadores priorizaron la velocidad y la altitud. Podía alcanzar los 500 kilómetros por hora a 10 kilómetros de altura. Era prácticamente inalcanzable para la artillería antiaérea, y los cazas, incluso si lograban ascender, no podían interceptarlo, ya que sus motores de pistón se ahogaban en la enrarecida atmósfera.

Es más, el armamento defensivo del Superfortress —12 ametralladoras en seis torretas de control remoto— también era una maravilla de la ingeniería. El sistema de control de tiro podía dirigir varias ametralladoras hacia un solo objetivo con solo apretar el gatillo el operador.

El avión no necesitaba descender para atacar objetivos terrestres, ya que el radar APQ-7 Eagle permitía efectuar bombardeos de precisión a través de la capa de nubes. El B-29 podía transportar nueve toneladas de bombas, y fue el único avión que utilizó armas nucleares en la práctica.

El Jueves Negro

Aquel día, treinta y nueve B-29 volaron en formación hasta la frontera entre Corea y China para bombardear el puente sobre el río Yalu. El puente se utilizaba para abastecer a las tropas chinas con refuerzos y municiones vitales para la ofensiva general planeada para finales de abril. Los bombarderos iban acompañados de cincuenta F-84 Thunderjet, cazas a reacción de primera generación.

"Para 1951, el B-29 Superfortress era una reliquia, aunque no lo sabíamos entonces", comentó Alex Spencer, curador del departamento de aeronáutica del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian.

De repente, desde gran altitud, los estadounidenses fueron atacados por una lluvia de cazas 30 MiG-15 que descendieron en picado y comenzaron a acribillar a los bombarderos y cazas estadounidenses con el fuego de sus cañones.

Adornados con insignias norcoreanas y chinas, estos aviones eran pilotados por pilotos soviéticos, varios de los cuales habían perfeccionado sus habilidades contra los mejores ases alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, y la 324.ª división a la que pertenecieron fue comandada por el famoso as Iván Kozhedub (aunque con la prohibición explícita de la jefatura suprema de cumplir personalmente tareas de combate), el piloto más resolutivo soviético de esa guerra. 

Los cazas MiG-15

El armamento del caza soviético (dos cañones de 20 mm y uno de 37mm) estaba especialmente adaptado para destruir al B-29.

Los cazas MiG-15 no contaban con radar, sino que sus pilotos confiaban en su vista, su serenidad y la experiencia adquirida en la Gran Guerra Patria.

Para el MiG-15, propulsado por un motor a reacción, la velocidad y la altitud del B-29 no representaban ningún problema. El ligero caza de alas en flecha aceleraba el doble y ascendía cinco veces más rápido. Podía ascender hasta los 15 kilómetros y, una vez en esa altitud, atacar. Y eso fue precisamente lo que hicieron.

"Las cosas empeoraron muy rápidamente para las fuerzas de bombarderos. Esa batalla cambió la naturaleza de la campaña aérea estadounidense sobre Corea", comentó Alex Spencer.

No solo el jueves fue negro para EE.UU.

Las misiones de bombardeo estadounidenses sobre la zona del llamado 'Callejón de los MiG' (la franja del noroeste de Corea del Norte junto al río Yalu, cerca de la frontera con China), quedaron suspendidas durante unos tres meses hasta que suficientes escuadrones de F-86 Sabre pudieran afrontar este nuevo desafío en la Guerra de Corea.

Sin embargo, el Jueves Negro de abril fue solo el inicio de los problemas para los bombarderos estadounidenses.

El peor día para los Superfortress en Corea fue el 23 de octubre de 1951. En ese momento, los norcoreanos intentaban construir aeródromos en el norte de Corea del Norte, y los estadounidenses estaban decididos a impedirlo. Aquel día, un grupo de nueve bombarderos B-29, escoltado por cazas F-84 y F-86, despegó para atacar el aeródromo de Namsi.

Una división de cazas soviéticos, compuesta por tres regimientos de MiG-15, fue desplegada para interceptarlos. Según la versión estadounidense, uno de los grupos de MiG se enfrentó a los interceptores F-86 Sabre; los F-84 de escolta no pudieron proteger adecuadamente a los bombarderos, seis de los cuales fueron derribados por los atacantes. La división soviética perdió solo una aeronave.

El principal logro de los pilotos soviéticos en el cielo coreano

Esta y otras batallas aéreas sobre el 'Callejón de los MiG' cambió el curso del conflicto entre las superpotencias mundiales.

Ahora Estados Unidos tenía que pagar un precio mucho más alto por continuar la guerra.

La dureza de los combates quedó manifiesta en los resultados de los mejores pilotos soviéticos y estadounidenses. Por la URSS, destacaron el capitán Nikolái Sutiaguin (22 objetivos). Por EE.UU., el máximo as fue el capitán Joseph C. McConnell con 16 aviones destruidos y 5 dañados.

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